Resulta interesante ver como ya desde las primeras aportaciones que hacían Humberto Maturana y Francisco Varela a propósito de textos como De máquinas y seres vivos (1973) o el taquillero El arbol del conocimiento (1984) , comenzaban a fundamentar en la neurobiología la forma en que conoce el ser humano, y por lo tanto, lo humanas que eran las explicaciones sobre la realidad.
En estos límites cognitivos, también se han construído los bordes de lo que llamamos científico, lo que hasta cierto punto, nos suena como sinónimo de algo objetivo y por lo bajo, algo serio.
Sin embargo ya se asomaba la radicalidad en las afirmaciones de estos científicos: “todo lo dicho es dicho por alguien” diría Maturana y por lo tanto la ciencia no escaparía al determinismo que opera al construir modelos sobre la realidad. La ciencia entera sería entonces un agregado de personas que, a través del tiempo, produce realidades a partir de lo que permiten sus sentidos y los artefactos que se han desarrollado para mejorar su percepción. Y lo hacen sujetos a reglas y grados de inclusión, que van dando un grado de reconocimiento y oficialidad a los productos obtenidos.
Con esto todo el campo de descubrimientos estará acotado a sus estructuras y a la historia de transformaciones de ellas. Pero también a sus pugnas de poder y a su régimen de influencias. En la literatura científica producida conjuntamente, y luego de permearse con científicos de talla mundial, existen pasajes que retratarían los rasgos culturales de algunos científicos y tecnólogos de importantísimos centros de investigación universitarios, donde usando una caricatura, los científicos se llenarían de júbilo con ver que el perrito robot movía la cola como uno real, aunque en su interior no se tuviera absolutamente nada parecido a las funciones y complejas interacciones que operan en un animal.
Bueno, eran los 70′s pero igual retrata los paradigmas en que se basaban buena parte de los científicos oficiales. Además, de esto se trataba, hubo algo de particular en estas visiones que terminaron por construir la teoría de la Autopoiesis (nada menos que la organización de todo aquello que está vivo), y que incluso les permitió (nos permite) obtener una idea de cómo el ser humano conoce, y por extensión ver a la ciencia como un sistema.
Con los años, Francisco Varela se acercaría mejor al fenómeno de las descripciones de la realidad a partir de una búsqueda que mezcló la filosofía, su acercamieto con culturas que desarrollaron el campo de lo perceptivo, y sobre todo a través de la neurociencia. Incluso llegó a demostrar junto a otros, que nuestra cognición está corporizada (no existe tal separación cuerpo mente) y que sus procesos neuronales presentan una dinámica muy particular: lo hacen de forma masiva, desordenada pero bajo ciertas reglas, y en fracciones de milisegundos, creando cada momento del fluir de la vida. A eso le llamó Enactividad.
Asumir esto significa volver rápidamente a una posición de humildad extrema: todos los sujetos ven cosas distintas, las cosas son la creación de cada cognición, y lo más importante, todo es la creación de tod@s.
En consecuencia, si quiseramos describir un sistema habría que, literalmente, construirlo.


